El agua

 ¿eso?

 

los años, sus estómagos abiertos a la enorme mirada, el líquido

culpable que se vacía en el instante y se pierde del ojo aunque se vea,

la diferencia que alegra

al principio y después pasa,

como el agua, no se puede contener,

la vertiente es urobórica, las palabras

la siguen y se asfixian con su propia cola, los semihiatos

acusan los días, los mojan más, los arruinan más, se hunden o flotan

igual y mi mano se cierra y se abre como si en ella hubiera algo que puedo agarrar,

extremidades de zorrito

en la memoria no hay derecho al maltrato afortunado, lo dije.

te sentaste en el borde de algo y descansaste los ojos sucios bordó;

por supuesto que

juntaste tus extremidades y me dijiste que eras la imagen perfecta del sí-mismo universal,

que estabas muy cerca, que habías viajado de lejos para agradecer el interés que yo

demostraba tener en las hendiduras de tus rodillas, y en la fantasía crítica pero más fantasía aún, por su cualidad misma, del zorrito blanco y cernido, a toda costa triste.

yo entonces pensaba (con optimismo) en la sobrecarga de reproches entre el momento que se vive y el que se apaga, en una dirección o en otra; no quería y no quiero otra cosa

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Plumón (o Recomienzo)

Mi pequeño hijo volador es

un hado, un Hombre, o más

que un Hombre?: más sano y

menos cavo, sin embargo menos Hombre

que un Hombre Condenado

 

Hijo, mi pequeño

plumífero: habrá ciertas situaciones sin sentido; el viento

lúcido de la creación –el que te trajo a la tierra

de las sesenta agujas– será más adelante

un recuerdo lleno y equivocado

de un momento sin relación alguna con nuestra vida de ave gigante

 

Plumífero:
puedo no sentirte cerca, puedo no verte en el patio de los tréboles verdeoscuros, puedo no desconocer tu aleteo lúcido en este conocimiento tardío, puedo no asumir la culpa de haberte reconocido tan tarde, puedo no jugar con la suave voz que nos llama mientras desprendo tu plumón con cierta sensación de calumnia