extremidades de zorrito

en la memoria no hay derecho al maltrato afortunado, lo dije.

te sentaste en el borde de algo y descansaste los ojos sucios bordó;

por supuesto que

juntaste tus extremidades y me dijiste que eras la imagen perfecta del sí-mismo universal,

que estabas muy cerca, que habías viajado de lejos para agradecer el interés que yo

demostraba tener en las hendiduras de tus rodillas, y en la fantasía crítica pero más fantasía aún, por su cualidad misma, del zorrito blanco y cernido, a toda costa triste.

yo entonces pensaba (con optimismo) en la sobrecarga de reproches entre el momento que se vive y el que se apaga, en una dirección o en otra; no quería y no quiero otra cosa

 

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