yo no pedí esto

estoy hecho un dios

 

un perro se bebió mis lágrimas

un perro se ahogó en mi cama

me arrancó un silbido, el cuentagotas

cuando limpiaba los cuerpos y miraba

la concesión que fui yo mismo, abandonándome

por todos lados, sobre los panales

muertos inundados de arena blanda

y huesos de perro bueno descansando

pero yo

 

yo no pedí esto, en serio

no albergo carne de carnívoro

no soy cementerio de culpables

mi piel no es la del conejo

tengo miedo amarillo (y sólo miedo)

no pido a nadie que me mire, en serio

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Escero

algo debido es 00

por lo que supimos, más que por lo que vimos

mil ojos comparecieron en la caída del último santuario

ese santuario era un hombre metálico, sin grito

y su silencio sigue reclamando un estrabismo

 

sus ojos ceros

dos ojos que se cierran y creen que caen

esa creencia de fondo es la nueva música

pero ya no hay cuenta ni posición alguna

 

mil ojos binarios

 

un poco de muerte entre el 0 y el 0

pastillas del norte que caen al sur

últimas pastillas campaneando

algo hacia el sur se unió y se murió y parpadeó

se nos curó mientras el cáncer de la boca

en el medio vacío de dos cosas otras

dos de espadas

pensé que te encontré pero no

eras nada: serpiente de soma

hirviendo en la nube baja

 

fue como si dijera “Triste

Espejo en la Rama” (y adivinara bien

y mal, como una máquina)

 

entonces me dije

vas a pagar por esto,

creo que vas a pagar:

si tu muerte y mi muerte nos espanta y los espanta

y si los fantasmas desertan, ya son otra cosa, se desmarcan

¿habrá frente al mar un mar en retirada

para que, sobre arena hervida, construya otra vez mi casa?

ave_3

Soñé que moría un tordo por cansancio. Su pico abierto se negaba a succionar

el acontecimiento, y su calidez se escapaba hacia los tonos cáusticos, normales, de la vigilia.

No tuve necesidad de abrigarme desde ese momento; no tuve          ,

el             anotarlo,                    .

rápido,

responde              tarde                                                                          ,

 

 

 

Me olvidé del tordo. Perdón.

 

Una humedad brotando de dientes que brillan en el espejo me dio la pauta de estar

atravesando un simulacro de contención. El tordo siempre estaría abierto para mí, yo

siempre estaría enterrándolo

escuchen

Mis heridas

no están en mi cuerpo

Podrían no estar en ninguna parte

¿Se fijaron? Todos los cuerpos son míos. Todos los cuerpos

son iguales

 

Me recuesto en tu lugar pero tu lugar está muerto

porque escucho el esfuerzo seco de la sombra que se achica

El recuerdo de toda conversación explicativa es

mentira

porque veo sobre mi abdomen el punto resultante que el efecto amarillo testimonia:

cambio constante, compactación de días

El polvillo dentro de la lámpara me resulta revelador,

la silla está fría,

las macetas están frías, y podría seguir enumerando otras cosas igual de frías

porque ya se entiende: asco era lo que yo

sentía. Todos los lugares se desentienden. Todos los lugares

son iguales

Sangre de cunículo

mi odio me tensaba las superficies me evitaban me desangraba me
contenía porque todavía no tenía que largar
los gametos, que sellaban todos mis olvidos pero ahora
te pregunto (esto es serio): ¿es tu línea germinal la que sella todos
tus olvidos? ¿o abandonaste la estrategia inocente
por razones de fuerza mayor? ¿es tu sangre
pegamento? ¿o es tu sangre sangre aguada?

recordaba en forma de arena húmeda: !tengo impulsos blandos!, decía, me imaginaba plastilina: yo era la flor amasijada, tirada, caída de un mal cuadro impresionista a la espera de la lluvia solar (que me desgajaría, y más adelante podría mirar mejor. ¿No es eso a veces?). Quería poseer la blandura, pero afuera, afuera de ustedes; cerraba los ojos y veía la masa que saltaba en mi cama como si saltara en los repliegues de mis ojos color carne. Me dormía.
Al otro día me acordaba (tarde) del conejo maleable, por su risa, por su olor a desvanecido. Hubiera sido para mí un alivio dividirlo en dos, una mitad para cada ojo sería un doble placer, pero (la verdad es que) prefería mi lengua afilando mis dientes, mi imaginación bien adentro de la mente

fin de la intromisión / Adivinanza simple

Tenía un conejo de sarro

en el fondo del tanque de agua

Se le veía sólo una oreja que apuntaba

siempre en línea recta hacia mi casa

(supongo que si tenía otra, por algún motivo

no habrá querido mostrarla)

 

Me parecía que el animalito exigía hablar,

cuajado como estaba: no había paz en el agua

Entonces me dediqué a contar y ordenar los pedazos

de conejo que flotaban. Así no veía la sucesión de los días

que por varios motivos no quería ver, para nada,

hasta que un día escuché la voz rota y estancada

 

 

la ternura duele si nace del desprecio, pero de otro lado no puede nacer

sin abortarse, chinche de agua: cuidado del salto, cuidado hacia dónde saltes, 

cuidado del dolor, si resulta

que no te duele tanto

excepto

que alguien te esté mirando

(alguien muy parecido a vos)

en el agua está el comienzo de tu intromisión

bebé_elefante

hice un cuenco de manos para que te duermas

cuando la arpía clava el colmillo al árbol y sopla

miro tu apnea (dios, basta) y me digo

que no entiendo ni quiero hacerlo

el tiempo es una doble guarida, me pesa

en los oídos como todo nos pesa, y nada es diferente

por eso no tengo apuro, al contrario: tengo miedo

de que tu trompa caiga como un tronco seco, de que todo caiga,

y de que a medianoche me toque levantar los restos,

uno por uno, así (dios, basta) dejo dormir