decollata

no sé caras, pero tienen demasiado

esa la inocencia y lejos

sin madre en la muerte, todos padres

si nadie los toca

todos casas cerradas

de mi cuerpo? energeia

me moja el llanto del sol y por qué

me limpio las uñas con piedras soy una

vergüenza de máquina, me sueño

siempre vivo

húmedo

dios

mío               me arrastro un poco?

me lleno de ojos me reconoce lluvia

la lluvia la señal rota

la erosión el olor que reatraviesa

las caras, todas

me despego               me arrastro

una vez

muchos alguien me miraban

alguien destruyó mi casa sobre arena

 

elegir sí se vuelve en un punto

inocente aburrido

 

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Sangre de cunículo

mi odio me tensaba las superficies me evitaban me desangraba me
contenía porque todavía no tenía que largar
los gametos, que sellaban todos mis olvidos pero ahora
te pregunto (esto es serio): ¿es tu línea germinal la que sella todos
tus olvidos? ¿o abandonaste la estrategia inocente
por razones de fuerza mayor? ¿es tu sangre
pegamento? ¿o es tu sangre sangre aguada?

recordaba en forma de arena húmeda: !tengo impulsos blandos!, decía, me imaginaba plastilina: yo era la flor amasijada, tirada, caída de un mal cuadro impresionista a la espera de la lluvia solar (que me desgajaría, y más adelante podría mirar mejor. ¿No es eso a veces?). Quería poseer la blandura, pero afuera, afuera de ustedes; cerraba los ojos y veía la masa que saltaba en mi cama como si saltara en los repliegues de mis ojos color carne. Me dormía.
Al otro día me acordaba (tarde) del conejo maleable, por su risa, por su olor a desvanecido. Hubiera sido para mí un alivio dividirlo en dos, una mitad para cada ojo sería un doble placer, pero (la verdad es que) prefería mi lengua afilando mis dientes, mi imaginación bien adentro de la mente

fin de la intromisión / Adivinanza simple

Tenía un conejo de sarro

en el fondo del tanque de agua

Se le veía sólo una oreja que apuntaba

siempre en línea recta hacia mi casa

(supongo que si tenía otra, por algún motivo

no habrá querido mostrarla)

 

Me parecía que el animalito exigía hablar,

cuajado como estaba: no había paz en el agua

Entonces me dediqué a contar y ordenar los pedazos

de conejo que flotaban. Así no veía la sucesión de los días

que por varios motivos no quería ver, para nada,

hasta que un día escuché la voz rota y estancada

 

 

la ternura duele si nace del desprecio, pero de otro lado no puede nacer

sin abortarse, chinche de agua: cuidado del salto, cuidado hacia dónde saltes, 

cuidado del dolor, si resulta

que no te duele tanto

excepto

que alguien te esté mirando

(alguien muy parecido a vos)

en el agua está el comienzo de tu intromisión